Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua

La Pascua Judía

Fiesta anual solemne celebrada por los judíos para celebrar su liberación de Egipto. La narración bíblica muestra a Moisés ordenando a cada familia hebrea que inmolara al anochecer un cordero , que tiñera con sangre el dintel de la puerta de la casa para que sus hijos no fueran inmolados como los de los egipcios y que lo comieran vestidos de viaje.

Jesucristo instituyó la Eucaristía durante la celebración de la Pascua Judía. Según tradición la Pascua Judía tenía lugar la noche del plenilunio (luna llena) del 14 al 15 del mes judío Nisan, primer mes de la primavera, (marzo o abril del calendario gregoriano). La fecha de la Pascua, al ser el calendario judío lunisolar, depende pues, del movimiento de la Luna.

La Pascua Cristiana

Es el domingo con el que concluye la Semana Santa y en el que se conmemora la muerte y Resurrección de Jesucristo.  Es la fiesta más importante del año litúrgico y el centro mismo del culto cristiano.

Según tradición cristiana Jesucristo murió el viernes y resucitó el domingo, día 16 del mes Nisán del año judío (según algunos correspondería al 9 de abril del año 30 en el calendario juliano). En nuestra civilización el cristianismo procuró adaptar estas fiestas al cristianismo: Navidad (comienzo del invierno), Pascua (de la primavera), San Juan Bautista (del verano).

El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión. Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas pruebas entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones de Jesucristo a sus apóstoles. Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.

En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar? Cualquier sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección, pues podemos estar seguros de que, después de una corta vida en la tierra, si hemos sido fieles, llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que gozaremos de Dios para siempre.

San Pablo nos dice:

“Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14)

Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas hubieran quedado sin cumplirse y dudaríamos que fuera realmente Dios. Pero, como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también, sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido.

La Resurrección es fuente de profunda alegría. A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes. Debemos tener cara de resucitados, demostrar al mundo nuestra alegría porque Jesús ha vencido a la muerte. La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de la alegría de la Resurrección por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo apostólico.

Debemos estar verdaderamente alegres por la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En este tiempo de Pascua que comienza, debemos aprovechar todas las gracias que Dios nos da para crecer en nuestra fe y ser mejores cristianos. Vivamos con profundidad este tiempo. Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo pascual, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.

Creer sin ver

¡El Señor ha resucitado! No robaron su cuerpo, como pensaba la Magdalena. María Magdalena fue al sepulcro en la oscuridad, situación que Juan relaciona con la falta de fe y estar lejos de Jesús. Y no encontró lo que esperaba, sorprendida vio la losa quitada del sepulcro. Sin intentar ver qué había pasado, corre en busca de Pedro y del discípulo amado para decirles «se han llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto». No les bastó la noticia y se pusieron en camino al sepulcro, lugar donde Dios ha actuado. Simón Pedro, al que Jesús había nombrado Roca, entró primero y vio las vendas y el sudario “enrollado en un sitio aparte”. Dos signos que no apuntan al robo del cadáver. El discípulo amado, modelo de todo discípulo, ante aquellos signos «vio y creyó».

Podemos tener la tentación de pensar que el discípulo amado fue más afortunado que nosotros, que no hemos tenido aquella experiencia. Pero el comentario del narrador -«hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos»- no nos permite pensar así. Esta afirmación está dirigida a nosotros: Dios a través de la Escritura nos dice que «Jesús había de resucitar de entre los muertos».

Al discípulo amado no se le dio una “visión” que hiciera de su fe algo superior a la nuestra. ¡No! Si acogemos la Escritura, iluminados el Espíritu Santo, podemos creer sin ver a Jesús, como hizo el discípulo amado y tener una experiencia similar a la suya. Esta es nuestra alegría. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

¿Cómo se celebra el Domingo de Resurrección?

Se celebra con una Misa solemne en la cual se enciende el cirio pascual, que simboliza a Cristo resucitado, luz de todas las gentes. En algunos lugares, muy de mañana, se lleva a cabo una procesión que se llama “del encuentro”. En ésta, un grupo de personas llevan la imagen de la Virgen y se encuentran con otro grupo de personas que llevan la imagen de Jesús resucitado, como símbolo de la alegría de ver vivo al Señor.

En algunos países, se acostumbra celebrar la alegría de la Resurrección escondiendo dulces en los jardines para que los niños pequeños los encuentren, con base en la leyenda del “conejo de pascua”. La costumbre más extendida alrededor del mundo, para celebrar la Pascua, es la regalar huevos de dulce o chocolate a los niños y a los amigos. A veces, ambas tradiciones se combinan y así, el buscar los huevitos escondidos simboliza la búsqueda de todo cristiano de Cristo resucitado.

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Domingo de Resurrección