San Dionisio de Corinto

De este san Dionisio sólo sabemos que fue griego, obispo de Corinto hacia el año 171.  se hace acreedor de las Iglesias de Oriente, por su amplio espíritu de servicio, como aparece en sus siete "cartas católicas": a los cristianos de Lacedemonia, a los atenienses, a los de Nicodemia, Gortina y Creta y a los de Cnosos y el Ponto , algunos de cuyos fragmentos se conservan gracias a Eusebio.

Perteneció a las primeras generaciones de cristianos. Por el momento en que vivió, con él entramos en contacto con la antiquísima etapa en que la Iglesia estaba aún, dando sus primeros pasos; la gente que conocía y seguía a Cristo eran poco más que un puñado de hombres y mujeres desparramados por el orbe.

San Dionisio se destacó por su celo apostólico.  Se aprecia en él la preocupación ordinaria de un hombre de gobierno. Su voz bondadosa a la vez que certera, se oyó en todo el Mediterráneo, conservando y acrecentando la fe de los cristianos. Con su elocuencia y con la eficacia que Dios le dio para predicar su Palabra, no sólo instruyó las gentes de su ciudad y provincia, sino que también instruyó con sus escritos a los Obispos de otras ciudades y provincias. Su dignidad episcopal y su encendido celo por comunicar la verdad, le hicieron escribir y escribir, sabiéndose administrador de unos principios de vida con los que había que encender el mundo.

Que se tengan noticias, mandó cartas a los cristianos Lacedemonios, instruyéndoles en la fe y exhortándoles a la concordia y la paz; a los Atenienses, estimulándoles para que no decaiga su fe; a los cristianos de Nicomedia para impugnar muy eruditamente la herejía de Marción; a la iglesia de Creta a la que da pistas para que sus cristianos aprendan a descubrir la estrategia que emplean los herejes cuando difunden el error. En la carta que mandó al Ponto expone a los bautizados enseñanzas sobre las Sagradas Escrituras, les aclara la doctrina sobre la castidad y la grandeza del matrimonio; también los anima para que sean generosos con aquellos pecadores que, arrepentidos, quieran volver desde el pecado. Igualmente escribió carta a los fieles de Roma en tiempos del Papa Sotero; en ella, elogia los notables gestos de caridad que tienen los romanos con los pobres y testifica su personal veneración a los Vicarios de Cristo.

A un obispo le aconseja que no se empeñe en hacer guardar a todos castidad absoluta, y que sea comprensivo con la flaquezas de la carne, haciendo que se casen los que no se atreven a perseverar en la virginidad. «Sin altanería, blasonad de la verdad; sin dureza, pelead por la verdad», esto, que es de san Agustín, parece muy propio aplicarlo a nuestro Dionisio, que no sólo se ocupa de los fieles de su diócesis, sino que no se juzga entremetido exhortando también a los de regiones muy apartadas, considerándose a si mismo responsable de ellos.

Eusebio, en su Historia, recoge fragmentos de la carta a la hermana Cristófora; y de la escrita a la Comunidad de Roma y al Papa San Sotero: "Hoy hemos celebrado el santo día del domingo; y en él hemos leído vuestra carta, que no dejaremos de leer nunca; lo mismo que aquélla que nos escribió Clemente, donde tenemos tan sabios y abundantes preceptos".

San Dionisio murió alrededor del año 180. Sin moverse de Corinto, ejerció un fecundo apostolado epistolar que no conoció fronteras; el papel, la pluma y el mar Mediterráneo fueron sus cómplices generosos en la difusión de la fe.

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San Dionisio de Corinto