San Sabas

Nació en Cesárea de Capadocia, actualmente en Turquía (439-532) De familia griega, su padre era un comandante del Ejército imperial bizantino. Debido a sus largas ausencias, confió la educación del niño Sabas a un tío. Sin embargo, al cumplir los ocho años, su tío y el resto de parientes empezaron a despreciarle y se negaron a seguir educándole. Así las cosas, Sabas fue enviado a un monasterio, en el que pasó varios años hasta que decidió partir a Jerusalén para profundizar su aprendizaje de la vida monacal y también entender mejor el significado de la santidad.

Su vida se caracterizó por la oración, la penitencia y el trabajo, al que dedicaba diez horas diarias. Aun así, encontraba tiempo para la oración. Hacía canastos que luego vendía para así poder ayudar a ancianos y débiles. Hasta que un día decidió pasar cuatro años en el desierto sin hablar a nadie. Una etapa que se vio truncada cuando empezaron a llegar monjes que le pedían que les dirigiera hacia la santidad. Llegó a tener hasta 150 monjes. Esa eficacia hizo que fuera nombrado Arzobispo de Jerusalén y jefe de todos los monasterios de Tierra Santa.

Tres veces viajó a Constantinopla para pedir al Emperador que no apoyara a los herejes y favoreciera la causa de Tierra Santa. Entre los monjes a los que formó figuran San Juan Damasceno y San Teodoro. Su monasterio, el de Saba, situado en el Mar Muerto, es uno de los tres más antiguos del mundo.

Sabas es el fundador de la llamada Grande Laura al lado del valle de Cedrón, a las puertas de Jerusalén.

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